Comanchería, un Western para estos tiempos

Cine
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Bear: I am a Comanche. Do you know what it means? It means ‘Enemy to everyone’.  Tanner Howard: Do you know what that makes me?… A Comanche.

 

En esta película del Oeste los vaqueros se desplazan en viejos coches en lugar de en viejos caballos; pero si eres de los que creen que en todo Western que se precie tiene que haber al menos cinco minutos de planos en los que los protagonistas contemplan silenciosos el infinito horizonte, Hell or High Water no te decepcionará. Protagonizada por Chris Pine, Ben Foster y Jeff Bridges, Comanchería, como se ha titulado en español, es la película de los Coen que venimos esperando desde 2008, solo que los creadores del Gran Lebowski no tuvieron nada que ver con este proyecto (estaban demasiado ocupados ensayando una coreografía interminable para el lucimiento personal de Channing Tatum).

Hell or High Water tendría todas las improntas de una película de los hermanos Coen si no fuese por la banda sonora (que no es nada especial). Lo que sí tiene son momentos cómicos de mucha calidad, repartidos de forma orgánica durante los 102 minutos que dura el film. Claramente influenciada por Blood Simple, comparte la crudeza y la estética típicas del cine de Joel y Ethan. Pero si hubiese que destacar una similitud por encima del resto, serían los diálogos. Ambientada en la Texas profunda, esa en la que al recién nacido se le bautiza con un escupitajo de tabaco de mascar en la frente, los personajes se expresan de forma simple y reflexiva a la vez. Ese dialecto tan particular ya asociado a los habitantes del Estado de la estrella solitaria, conciso e ingenioso, que funciona tan bien en el séptimo arte, ha sido aprovechado por otros grandes directores como Tarantino o Wim Wenders, para hacer comedias tan ácidas que solo los psicópatas las calificaríamos como tales.

Sobre las actuaciones decir que Jeff Bridges hace lo que se espera de Jeff Bridges, Chris Pine sorprende al interpretar a un personaje que no resulta insoportable, y Ben Foster se gana a pulso la nominación a mejor actor secundario. Si por el contrario, un nativo de Texas me argumentase que los acentos de los tres protagonistas (uno nacido en Boston y los otros dos en Los Angeles) le parecen forzados y demasiado exagerados, no tendría más remedio que creerle.

El director, David Mackenzie, vuelve a demostrar su talento después de impresionar al  mundo en 2013 con la intensísima Starred Up. En Hell or High Water utiliza del mismo modo los cambios de ritmo, entrelazando secuencias vertiginosas con escenas mucho más pausadas. Pero el mérito debería ser dividido a partes iguales entre él y el guionista, Taylor Sheridan. Hasta hace poco Sheridan solo era un actor secundario más, otro Joey Tribbiani luchando por sobrevivir en la difícil industria Hollywoodiense. Pero en 2015 el estreno de Sicario cambió su vida. La cinta sobre el narcotráfico en la frontera Mexicana fue una de las favoritas ese año para la crítica especializada, lo que le valió a Sheridan para destaparse como uno de los escritores más prometedores de Estados Unidos. Hell or High Water no solo confirma que su primer guión no fue producto de la casualidad, sino que lo supera en prácticamente todos los sentidos. En cuanto a personajes, diálogos o incluso trama, su segunda película es mucho más completa; lo único que le falta es Benicio del Toro, pero si le hubiesen puesto a hacer el papel del indio policía habrían tenido que cambiar los no pocos chistes sobre indígenas que hace Bridges… Y no sé si habría merecido la pena.

 

 

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