Murakami y las segundas partes

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En De qué hablo cuando hablo de escribir, Murakami sorprenderá a todos los lectores que abran el libro sin leer el título. En este breve pero demasiado largo ensayo el autor japonés cuenta sus impresiones acerca del trabajo de escritor. Describe su método creativo y aborda temas que, según dice, llevaba evitando toda su carrera; como su relación con la crítica y con los premios literarios. Murakami asegura que esas cosas no le obsesionan. Sin embargo, el número de páginas que dedica a demostrar lo poco que le preocupan, sumado al tono que utiliza para hacerlo, pueden llevar a un mal pensado como yo a identificar ciertas contradicciones en su discurso. Nunca antes se me había ocurrido hacer la reseña de un libro, pero me resulta poético estrenarme con una obra que precisamente desvirtúa la labor de los críticos.

Aun con todo, leer a Murakami siempre es un placer, y pese a que De que hablo cuando hablo de escribir no satisfizo totalmente mis estúpidamente altas expectativas, tiene pequeñas dosis de todo lo que cualquier fan suyo podría esperar: curiosas reflexiones personales sobre su vida y obra, descritas de forma bonita, simple y sutil, entrelazadas con multitud de referencias a la cultura pop.

Mi decepción tiene un claro culpable, el título. La editorial española trató de aprovechar el éxito de De qué hablo cuando hablo de correr, alterando el título de este nuevo ensayo que del inglés se traduciría simplemente como “de profesión novelista”. Al vincular ambas obras la comparación es tan injusta como inevitable, y de ahí deriva mi frustración; Porque como recopilación de ideas relacionadas con la profesión de escritor, este texto puede resultar entretenido e informativo, pero como continuación a De qué hablo cuando hablo de correr, a mí por lo menos me deja mal sabor de boca; como si un viejo usurero me metiese la lengua durante un, ya de por sí injustificado, beso en la mejilla.

Mientras leía los cada vez más repetitivos devaneos del autor, aumentaban mis sospechas de que solo había transcrito aquellas reflexiones con la intención de sacarles dinero a sus siempre leales fans; lo cual obviamente envenenó mi percepción y afectó negativamente a mi disfrute. Ahora que intuyo que el título fue solo una estrategia de la editorial con la que Murakami no tuvo nada que ver, mi impresión global de este texto nada pretencioso ha mejorado bastante.

Lo que más me interesó del anterior ensayo en el que Murakami relataba su pasión por los maratones, fueron las injerencias a través de las cuales el escritor desvelaba detalles de su rutina como novelista profesional. Por eso pensé que un libro que se centrase exclusivamente en esa parte concreta de su vida me gustaría todavía más. Pero no. Ahora me he dado cuenta de que la razón por la que disfruté tanto de aquellas revelaciones fue porque aparecían esporádicamente en un contexto que no tenía nada que ver (como cuando estando fuera de Madrid me sirven una Mahou sin pedirla expresamente). También influyó el hecho de que por primera vez leía las confesiones reales de un artista al que llevaba tiempo admirando. Mientras leo las distintas obras de ficción de un mismo autor compongo en mi cabeza una imagen de él que luego me apetece contrastar con la realidad. Por eso me encantó descubrir en su momento al disciplinado Murakami corredor y por eso me habría entristecido tanto comprobar que ese anciano en tan buena forma física es de los que venden su integridad por un puñado de dólares.

Así que, si De qué hablo cuando hablo de correr no me hubiese gustado tanto, De que hablo cuando hablo de escribir no habría sido proporcionalmente decepcionante para mí. Como ya he explicado antes, el principal culpable de esa decepción es el título, pero paradójicamente, de haberse titulado por ejemplo, De profesión novelista, es más que probable que jamás lo hubiese llegado a leer…  De esto hablo yo cuando hablo de lo difícil que es contentar a todo el mundo.

*En una cosa estaremos todos de acuerdo: la trilogía, ya puestos, debe completarse con “De qué hablo cuando hablo de Jazz”, que en realidad tratará sobre la relación del autor con el Whisky.

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