Año I después de Cristiano

Deporte, Fútbol, Real Madrid

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Son tiempos oscuros en Concha Espina, la memoria de las tres Champions seguidas se desvanece un poco más con cada gol de Dembelé en Copa del Rey. Tiempos en los que el dedo meñique de la mano derecha de Benzema pone en vilo las esperanzas del Club más grande del mundo (Contexto: Benzema no es portero, ni pianista. Contexto al contexto: Benzema tampoco es goleador, pero es lo que hay).

Si dentro de cientos de años unos historiadores supremacistas tratan de encontrar respuesta al porqué del fin del imperio blanco, hallarán en la titularidad innegociable de Lucas Vázquez al paciente cero. Pero la responsabilidad de este penoso inicio de campaña es conjunta. He aquí la lista de jugadores de la primera plantilla del Real Madrid que están jugando el peor fútbol de sus vidas en ésta, la temporada 2018/19:

Ramos se compara a sí mismo con un torero y razón no le falta, porque inconsciencia le sobra. El mejor y más determinante central que han visto mis bisoños ojos ha cuajado una primera mitad de temporada lamentable, todavía peor que la del año pasado. Otra cosa no, pero a Ramos le gusta superarse. Si no fuese un optimista consumado pensaría que a los 32 años Sergio Ramos ya nunca va a dejar de cometer errores infantiles consecuencia directa de sus excesos de confianza. Ese mismo optimismo irrefrenable me lleva a creer que el gol de Ceballos al Betis servirá para que deje de tirar faltas.

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Ramos posa para las cámaras mientras ofrece al Bernabéu el flamante trofeo de campeones del mundo, y el título de liga recién perdido en Villarreal. Foto patrocinada por maquillajes Pannenka.

Varane tiene un imán para rematar los corners y un gorro para mandar la pelota directa a la grada. El retroceso de Varane en los últimos años no puede ser justificado únicamente por el tema de las lesiones de rodilla, porque no solo ha dejado de hacer esos sprints espectaculares con los que ponía en pie a un estadio en usual estado vegetal, no, también ha jubilado sus precisos pases en largo para iniciar jugada, sus robos sin falta, su inteligencia en el posicionamiento defensivo…  A lo mejor es que Marcelo no solo contagia alegría.

Marcelo es el segundo mejor lateral izquierdo de la historia del Madrid, y el líder absoluto en mi estadística no oficial de caños por partido en la historia del fútbol once. Marcelo es también una máquina de perder balones tontos y un defensa cuya generosidad para con el rival no conoce límites. Todo esto recuerda bastante a la última etapa de Alves en el Barca, es decir, un coladero en defensa y una sombra de sí mismo en ataque. Lo peor es que se irá a la Juve en verano y recuperará su mejor nivel. No, lo peor peor es que nunca habrá otro Marcelo… Cómo irán de mal las cosas esta temporada para que se esté alabando el hecho de que Marcelo celebre, desde el banquillo, un gol de sus compañeros con la euforia propia de alguien que desea que gane el Madrid.

Casemiro va camino de perder la titularidad. Desde hace tiempo su presencia ha dejado de notarse. Antes se decía que estaba en todos lados, ahora nos preguntamos dónde está y para qué. Porque ni corre, ni corta, ni roba como antes, pero es que encima ha vuelto de la lesión cometiendo más pérdidas y tomando malas decisiones a un ratio más propio de un heredero de Gravesen que de uno de Mauro Silva.

-El bajón de Modric es lógico y difícilmente criticable, por eso lo único que añadiré sobre el genio Croata es que tanto si se quiere ir al Inter como si se quiere ir al Benidorm, tiene que dejar dinero en caja. Dejar salir a Xabi Alonso al Bayern fue como dar de comer a una paloma en el parque.

Lucas Váquez, actual precursor de la transgresora posición de extremo defensivo, fue mejor que Callejón y tan bueno como Pedro para el Barca; ahora mismo Lucas es peor que Drenthe y tan malo como Tello. Mi teoría es que Lucas ha ganado peso muscular y ha perdido agilidad y rapidez en las piernas. Esta temporada se le ve que se siente muy cómodo intentando proteger el balón con el cuerpo de espaldas. En la mayoría de casos acaba perdiéndolo, pero él, cómodo, parece que se siente, que es a lo que voy. El número 17 que decora su camiseta le sienta de maravilla. Esa banda derecha del Bernabéu ya fue recorrida no hace tanto por otro gran madridista sin más talento que el esfuerzo. De hecho, cuando veo a Vázquez encarar a un contrario tengo la misma certeza de fracaso que en sus tiempos me transmitía Arbeloa. Lucas siempre ha sido un poco limitado técnicamente, pero al nivel que está este año resulta absolutamente ridículo que se haya convertido en un fijo en el 11 de Solari.

-Un caso parecido al de Vázquez es el de Nacho. Otro canterano por el que siempre he sentido debilidad y que lleva desde verano sin cumplir. Se le nota inferior físicamente a los rivales, llega tarde a los cruces, no es expeditivo, no gana un balón por alto, está lento, sin confianza… Nacho ejemplifica el momento del Madrid.

-Lo de Asensio no es nada nuevo, su línea de rendimiento está siendo calcada a la de otros años, por lo que se puede decir que hay cierta regularidad en su inconsistencia (Lo que no se puede decir es que tienen que ser otros los que tiren del carro). Siempre empieza bien las temporadas, da un bajón y luego recupera el tono. Se esperaba que fuese el líder del nuevo proyecto, ahora habrá que celebrar si consigue asentarse en la titularidad. El principio del fin para Asensio fue esa jugada en la que falló el gol por rematar mirando al tendido. El fin del principio fue cuando le miró un tuerto mientras tendía la ropa.

Bale es como ese juguete roto que nos hizo mucha ilusión cuando nos lo regalaron, porque era lo que más queríamos en el mundo (Tenemos gustos caros) pero ahora que está viejo y no funciona nos deprime con solo mirarle. Ni marca, ni asiste, ni combina, ni defiende… eso cuando juega. Lo único que espero del inevitable divorcio de Bale con el Madrid es que se vaya mandando a la mierda a la prensa en perfecto castellano por todo lo mal que le han tratado desde que llegó.

Isco es el caso más grave, porque a su actual bajo estado de forma se le une una prodigiosa apatía que no disimula lo más mínimo. Si a Marcelo le borras la sonrisa, le quitas la alegría de vivir y le enchufas una buena dosis de indiferencia existencial tienes a un Isco zurdo. Antes he dicho que Nacho y Casemiro están lentos, pero al lado de Isco son rápidos hasta los recogepelotas del Atleti. Más allá de su lentitud de piernas, lo que resulta frustrante de Isco es su tardanza a la hora de tomar decisiones con el balón. Al final casi siempre acaba amasando la bola en exceso, lo que deriva o en pérdida de posesión, o en ocasión de generar peligro perdida.

Esa lista libera de toda culpabilidad a Solari y a Lopetegui, igual que lo habría hecho con Zidane si se hubiese quedado, o con Klopp si hubiese venido. Esa lista habría liberado de responsabilidad hasta a Oskar Schindler.

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No llores Oskar, no pudiste hacer más. ¿Quién podría haber previsto las lesiones de Bale, el declive de Modric a sus 33 años, la falta de gol del equipo tras la salida de CR, o las rebajas navideñas en regalos defensivos de Marcelo y Ramos? Sí, Zidane lo avisó en su última rueda de prensa, pero también dijo que la de Asensio era la mejor pierna izquierda que había visto desde Messi.

Hablando de Oscars, quiero aprovechar para recordar que Moonlight es una película de mierda, y que el Chelsea vendió a un mediocre mediapunta llamado Óscar al fútbol Chino por 60 millones de Euros. Lo digo porque me cabrea que La Academia premie películas cuya única contribución al mundo del arte es su corrección política, pero sobre todo lo digo porque ese mismo año en que Moonlight ganó el Oscar a mejor película (deberían habérselo dado a Manchester by the sea, que para los que no la hayan visto, trata sobre la trágica caída del United post Ferguson), y el Chelsea sacó 60 millones por un futbolista cuyo apellido es un misterio, el Real Madrid se desprendió de James Rodríguez cediéndolo a un rival directo por dos años con opción de compra de 40 millones. Si la de Kaká fue la operación más ruinosa de la historia del Club, la de James es sin duda la más incomprensible. Pero no hace falta remover el pasado para desesperarse con el Madrid, el presente ofrece preocupaciones mucho más acuciantes que el caso James.

Es complicado competir por títulos cuando tres cuartas partes del 11 titular rinden por debajo de su nivel, pero técnicamente el Madrid aún está a tiempo de salvar el año. Un alumno holgazán que a falta de un día todavía no ha empezado a preparar el examen se despierta pensando que, si dedicase las siguientes 24 horas a estudiar sin parar, podría no solo aprobar, sino sacar buena nota, así que en realidad siente que hasta le sobra tiempo, por lo que decide posponer un poco más la tarea. Esa mezcla de melancólica pasividad y testaruda esperanza debe ser lo que ahora mismo está experimentando un Florentino Pérez que parece haber decidido no hacer más incorporaciones durante el presente mercado de invierno. Con Brahim Díaz ya es suficiente. Y sí, es suficiente como para que nadie pueda decir eso de que el equipo no se ha reforzado, y sí, el chaval es suficientemente alto como para que le dejen montar en casi todas las atracciones (siempre y cuando vaya acompañado de un adulto), pero dudo que sea lo suficiente como para revertir el rumbo de la temporada del Club blanco.

La política de fichajes del Madrid es tan estrafalaria como la del Athletic. El conjunto bilbaíno solo contrata jugadores vascos y el Real Madrid solo compra jugadores que no conocen un mundo sin internet en el móvil. Son filosofías de Club y como tales deben ser respetadas, yo personalmente soy partidario de la del Atlético de Madrid, que gasta como un rico y presume de méritos como lo haría un pobre.

En cuanto al entrenador, Solari no parece ser un brillante estratega, pero lo que tengo claro es que como gestor de egos empeora a su predecesor. Zidane nunca jamás habría condenado al ostracismo a un jugador por motivos personales. ¿Bale?. Quiero decir, Zidane nunca jamás habría condenado al ostracismo a un jugador español por motivos personales. ¿Ceballos, Llorente? Jugador español relevante se sobrentiende, jugadores por cuya suplencia la prensa te pueda montar un buen cirio. Isco tiene muchos defectos, pero es evidente que el Madrid le necesita, y sería un error no tratar de recuperarle para la causa, porque si Solari se cree que ganando solo la copa se va a poder quedar el año que viene, está muy equivocado; no es Mourinho.

*Me veo obligado a hacer una rectificación:

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El legado de Cristiano

Deporte, Fútbol, Real Madrid

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Hace tres años abogué aquí mismo por la venta de Ronaldo, y el tiempo no me ha quitado la razón, porque evidentemente nunca la tuve. Dije que su rendimiento iba en caída libre y Cristiano me calló la boca a base de goles y títulos. Tener la boca cerrada dificultó la tarea de comerme mis palabras, pero por suerte o por desgracia el cuerpo humano no está falto de orificios. Y pese a que no pude saborearlo con mi paladar, distinguí claramente dejes de ignorancia y prepotencia en mi texto, un regusto familiar para todo bloguero que se precie. Ahora que Cristiano se ha ido toca celebrar, celebrar su legado como protagonista indiscutible de la segunda etapa más gloriosa en la historia del Real Madrid, pero sobre todo celebrar la instauración de un nuevo sistema de repartición de los libres directos. He ahí la primera gran tarea de Lopetegui, disuadir a Ramos.

Mourinho, Casillas, Benzema, el grado de solidez de la tortilla de patatas… Es muy fácil dividir al madridismo, pero más fácil es completar una enumeración con un chiste malo. Somos la afición más fragmentada desde el club de fans de Oasis y, aun así, con Cristiano estamos todos más o menos de acuerdo. Es el mejor jugador de la historia moderna del Club, pero sus formas, como diría Rubiales, no son las mejores.  En cualquier caso, habiendo dejado cuatro Champions en las vitrinas, poco importan las formas. Cristiano podría haberse tatuado el escudo del Atletico de Madrid en la frente (aunque sería una faena para los hospitales de Turín, que ya tienen los camiones cisterna preparados para almacenar las donaciones de sangre del generoso deportista), podría haber defraudado millones a hacienda, podría incluso haberle dado un abrazo a Stoichkov, y su estatus como leyenda madridista no se habría resentido. Lo más grave que ha hecho Cristiano en todos estos años ha sido no celebrar los goles de compañeros y dejarnos por SMS. Minucias si se tiene en cuenta que el vídeo recopilatorio con sus goles de blanco dura lo que deberían durar todas las películas de Judd Appatow.

El rendimiento deportivo de Cristiano temporada tras temporada ha sido irreprochable. Gracias a su regularidad, a su dedicación inquebrantable, a su capacidad para ser determinante, a su durabilidad, a su insaciable ambición y a la infinita paciencia de sus compañeros para soportar sus múltiples rabietas, Ronaldo ha logrado reunir un palmarés individual y colectivo solo comparable al de Messi. Y, sin embargo, hay gente, supuestos expertos, que todavía siguen sin considerarle como uno de los tres mejores futbolistas de todos los tiempos. En sus listas nunca falta uno que tiró su carrera a la basura por las drogas y otro que solo jugó en la liga brasileña. Si Michael Jordan, por ejemplo, no hubiese competido en la NBA, o si en vez de por los puros, le hubiese dado por la coca, se le consideraría probablemente como uno de los mayores talentos del baloncesto, jamás como el mejor. Por eso, cuando se habla de los más grandes, se debe dejar a un lado el potencial, los colores, las alturas y la nostalgia hacia épocas pasadas. Mi objetividad de forofo me lleva a pensar que en unos años, los datos y las estadísticas colocarán a Ronaldo en el lugar que le corresponde, pero curiosamente el hecho de que esos números supongan actualmente su principal aval, le está repercutiendo de forma negativa en la percepción global que se tiene de su figura en relación con la historia. Despectivamente muchos se refieren todavía hoy a Cristiano con calificativos de goleador, o rematador, como si el fútbol se tratase de jugar bien, no de ganar… Los analistas verán lo que hacen, nosotros mientras tanto, debemos ser justos. Jordan tiene desde hace tiempo su estatua al lado del United Center en Chicago y Cristiano merece una propia en el Bernabéu.

Monumentos aparte, lo que Cristiano merece es perder la próxima final de Champions en el Wanda contra el Madrid. Reflejado en el metal que recubre los dientes de Vinicius visualicé la siguiente escena: En el minuto 91, con 0-0, una jugada magistral permitirá a Ronaldo quedarse frente a Navas (que habrá entrado en el 70 sustituyendo a un lesionado Courtois). En vez de tirar, Cristiano demostrará su recién alcanzada madurez espiritual pasándole el balón a Higuain, dejándolo solo. Inexplicablemente, Higuain, con toda la puerta vacía, estrellará el esférico contra el poste y el rebote le caerá a Marcelo, que dará un patadón sin pensárselo dos veces. Entonces, Benzema, que hasta ese momento no habrá aparecido (no me refiero al partido, me refiero a que llevará toda la temporada desaparecido), controlará la bola caída del cielo con la suavidad de un ángel muy dotado técnicamente. Karim avanzará hacia la puerta contraria dejando atrás a rivales y compañeros. Llegará al área, levantará la cabeza y le servirá una pelota perfecta a Bale, que solo tendrá que empujarla para anotar el gol que le supondrá al Madrid la decimocuarta y al galés su primer balón de oro. Al terminar el partido, Marcelo tratará de consolar a Cristiano, que estará abatido, con la mirada perdida y los brazos en jarra. Uno por uno todos los jugadores del Madrid saludarán al astro portugués, que no abrirá la boca durante el desfile de excompañeros, solo negará con mueca de frustración. Su mente, como la de muchos otros, estará ocupada en la madre que parió a Higuain.

Reflexiones NBA/ Conferencia Este

Deporte, NBA

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Atlanta sigue empeñada en mantener su estatus como la franquicia más aburrida de la liga. No draftear a Doncic ha sido un buen punto de partida, pero deben continuar en esa línea, porque Orlando y Brooklyn están siempre al acecho. Mi recomendación, fichar a Luc Mbah a Moute, sustituir a las animadoras en los descansos por recitales de poesía amateur y cambiar el logo del halcón por la sala de espera de un dentista.

Si yo fuese los Bucks donaría a Jabari Parker a la Derrick Rose Foundation For Kids Who Can’t Play Good And Wanna Learn To Do Other Stuff Good Too. Y si fuese posible, trataría también de encontrar a alguien menor de 65 años para remplazar a Jason Terry.

New York Knicks está ya preparando el terreno para cuando el año que viene no llegue Kirye Irving. Las buenas noticias: se habla de que OKC podría rescindir el contrato de Carmelo.

Cleveland debería empezar a tankear por el hijo de Lebron (Con suerte será como el padre y solo les dejará tirados dos veces). Me gustaría volver a ver al Kevin Love de Minesota, para ello, que le ceben a tartas y que le manden a Utah con Ricky.

Los Raptors deberían traspasar a DeRozan por Wiggins, fichar a Nash de entrenador y hacer de Tristan Thompson el consejero matrimonial del equipo. Ace Ventura imitando a un dinosaurio tendría que ser su mascota oficial, pero por encima de todas las cosas me gustaría que Neil Young les hiciese un himno en el que insulte a Drake.

Si los Celtics tuviesen algo de decencia, y si les importase lo más mínimo el futuro de la humanidad, liberarían de sus responsabilidades a Stevens para que pudiese centrarse en derrotar a Trump en las elecciones presidenciales de 2020. El organigrama está claro: Al Horford, ministro de justicia para jugadores injustamente infravalorados. Kirie Irving, ministro de Ciencia. Danny Ainge, alcalde de Brooklyn.

Desde que Broklyn cambió de General Manager, la franquicia ha enderezado el rumbo de vuelta a la mediocridad de la que nunca debió salir. El año que viene tendrán su propia elección de Draft por primera vez desde la invención de la televisión a color, yo la traspasaría a Sacramento por Vince Carter y Zach Randolph.

Los Heat deberían seguir el ejemplo de la selección española de fútbol, y dedicar la próxima temporada a homenajear a Wade (también conocido como el Iniesta de South Beach, también conocida como la Fuentealbilla de Miami). Tyler Johnson, por cierto, va a cobrar 20 millones, Whiteside 25, Dragic 18, Jhonson y Babbitt 14 cada uno y Olynik 12. Un desembolso millonario en jugadores con los que difícilmente pasarán de primera ronda, y pese a ello nadie cuestiona la labor de Pat Riley.

En los playoffs Indiana no pudo contrarrestar la brillantísima maniobra del gran estratega Tyron Lu. Esos dos contra uno a Oladipo a quince metros de la canasta trastocaron todos los planes de Nate McMillan, que jamás imaginó que el equipo rival llegaría a presionar de esa forma a su mejor jugador. Para el año que viene todos los esfuerzos de la dirección deportiva deben ir enfocados a idear una fórmula con la que neutralizar esa demoledora táctica. Despedir a McMillan también valdría.

Para que los aficionados de los Pistons se sientan más identificados con su equipo, Van Gundy ha tenido el detalle de dejarles una plantilla tan ruinosa y deprimente como la ciudad que les acoge.

Chicago estaba de celebración por la salida de Noah, y entonces llegó Omer Asik para llenar ese vacío. Todo equipo necesita un pivot lento, propenso a lesionarse, que cobra demasiado, y que cuando juega no aporta nada positivo.

Charlotte tiene mucho mérito, porque no es nada fácil equivocarse en la elección del draft cada año. Hacer que resulte infumable un equipo en el que juega Kemba Walker es también muy complicado. Al César lo que es del César, y a Jordan un mejor asesor deportivo.

Washington:  Al quedar eliminados en primera ronda de playoffs, John Wall pidió a su franquicia un center atlético y los magos le trajeron a Dwight Howard.  Su deseo fue concedido de forma literal, y como ocurriría en cualquier película de comedia mala, las consecuencias negativas no se harán esperar.

Sixers: La persona que traspasó a Fultz por Tatum ya está despedida, lo increíble es que no fue esa la razón del despido. La persona que aconsejó a Fultz alterar su mecánica de tiro, es la misma que presentó a Kendall Jenner a Ben Simmons. La persona que creó El Proceso murió de tuberculosis.

Los Magic son un monumento a la conferencia Este. Enrocados en una eterna reconstrucción que les ha llevado a conformar una plantilla tan sobrada de altura como falta de talento. Gordon, Biyombo, Vucevic, Bamba, Isaac, Speights, son solo algunos de los jugadores interiores que contribuirán a las posibilidades de Orlando de hacerse con una elección alta del Draft la temporada que viene. Pachulia acaba de terminar contrato con Golden State, sería un base ideal para la franquicia de Florida.

Legolas y Gimli, una historia de amor

Cine, Series

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A continuación se expondrá en exclusiva para los lectores de PresupuestoZero un extracto de uno de los guiones más controvertidos de la historia de la televisión Neozelandesa. Nos referimos, como no, al aciago episodio piloto que pretendía tratar la relación amorosa entre Legolas y Gimli.

La acción se desarrolla después del conflicto armado que acabó con la destrucción del Anillo en el Monte del Destino. Son tiempos de paz y armonía para las diversas criaturas que pueblan la Tierra Media. Para todas salvo para los Orcos y Goblins. Los vencidos fueron recluidos de nuevo en Mordor, condenados a morir de hambre (los campos de Mordor no son demasiado fértiles) como bestias marginadas (he ahí el origen de sus múltiples intentos de revolución. Si crees que los Orcos también tienen derechos ¡haz algo!, firma nuestra petición en Change.org)

Gimli y Legolas hacen público su amor al resto de la Compañía en cuanto Frodo despierta del oportunísimo viaje en águila (Curiosidad: En el libro Sam se ve obligado a hacer el viaje de vuelta en paloma, clase turista). Al oír la noticia los integrantes del grupo fingen sorpresa y abrazan a la feliz pareja (la escena es continuista del estilo fímico de Peter Jackson por lo que los abrazos y saltos de alegría se muestran a cámara súperlenta y se prolongan durante exactamente demasiado tiempo)

El elfo y el enano celebran su unión Civil (La sociedad de los Elfos, muy avanzada en muchos sentidos, todavía no permite referirse a los casamientos entre miembros del mismo sexo como matrimonios) con un bodorrio por todo lo alto en pleno Rivendel. Los recién casados se dejan llevar por la pasión y la audiencia disfruta de un montaje extremadamente gráfico de dos minutos y medio, con algunos de los mejores highlights de la noche de bodas (el proyecto fue propuesto a la cadena norteamericana HBO y por contrato debía contener numerosas escenas de sexo explícito).

A la mañana siguiente Legolas despierta a Gimli con un poco variado desayuno de pastas elfícas que decepciona levemente a su marido. El enano está irritable.

Legolas: Dime qué te pasa. Si no me lo dices no puedo ayudarte.

Gimli: No me pasa nada, me acabo de levantar y me duele la cabeza ¿Vale? No es nada, déjalo estar.

Legolas: ¿Es porque tu familia no vino a la boda verdad?

Gimli se echa a llorar desconsolado y Legolas le abraza cariñosamente.

Ante la insistencia de sus amigos Hobbits, los recién casados deciden mudarse a la Comarca e instalarse en la ahora vacía casa de Bilbo. El pueblo no cumplía con las altísimas expectativas que habían creado Merry y Pippin, pero Legolas, que siempre tenía una actitud optimista ante la adversidad, convenció a su esposo para quedarse y darle una oportunidad a Hobbiton. La acogida por parte de los vecinos no auguraba una estancia demasiado tranquila para los nuevos inquilinos. En cuanto vieron llegar la interminable fila de carretas con los bártulos de la mudanza, los residentes más conservadores se manifestaron en contra del traslado. Legolas prefería evitar meterse en jaleos innecesarios, pero Gimli no es de los que dan la espalda a una posibilidad de conflicto. La primera mañana en su nueva casa el enano salió a regar las plantas luciendo su cuerpo  solo cubierto por su larga barba y un finústico tanga de Huargo.

Los Hobbits, de naturaleza conservadora, son fácilmente escandalizables. Era solo cuestión de tiempo que se produjese el primer enfrentamiento.

Cuando Legolas presentó en el ayuntamiento local una petición formal para reformar la casa y adecuarla a sus proporciones físicas, los vecinos más veteranos pusieron el grito en el cielo:

Viejo Gruggen: ¡Es una verguenza!

Sra. Gruggen: Vienen aquí y quieren tirar abajo una de las casas con más historia del pueblo, ¡No tienen respeto!

Gordo Strauss: ¡Que se vayan! ¡Julandrones!

Legolas: Nosotros solo queremos que nos dejen tranquilos, no hemos hecho mal a nadie.

Gimli: Panda de ignorantes retrógrados. ¡Desagradecidos! Si no fuese por nosotros seríais todos esclavos de los Orcos.

Merry, Pippin y Sam interceden por sus amigos y calman a la muchedumbre, pero no consiguen la aprobación del ayuntamiento para llevar a cabo la reforma de la vieja casa de Bilbo.

La nueva vida de la pareja no es perfecta; los vecinos no terminan de aceptarles, Gimli cada día abusa más del alcohol, las visitas de Pippin y Merry son cada vez más infrecuentes y Legolas echa de menos su tierra. Las discusiones entre el elfo y el enano se suceden. Gimli le echa en cara a su marido que no sea más expresivo, que no exteriorice lo que siente, y Legolas amenaza con marcharse:

Gimli: ¡Pues vete si eso es lo que quieres!

Legolas: ¡Lo que quiero es que me respetes!

Gimli: ¡Mentira! Quieres irte con Aragorn y yo no te lo voy a impedir. Todos saben que es a él a quien siempre has querido.

Legolas: Aragorn es mi amigo, tú eres mi esposo. Hoy y siempre.

Gimli: Nunca voy a ser suficiente para ti.

Música dramática mientras gotas de lluvia se deslizan por la ventana.

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Pese a todo, el matrimonio sobrevive a las primeras dificultades. El episodio piloto concluye con la imagen de los recién casados de espaldas, abrazándose mientras contemplan el fuego de la chimenea. Aparecen los créditos y Legolas se ofrece a hervir agua para preparar té. Al levantarse se golpea la cabeza con la lampara. Gimli se burla de la torpeza del elfo y de la risa se le escapa un sonoro pedo que provoca la carcajada de su marido. Se congela la imagen que muestra a ambos riéndose y suena Thick As A Brick de Jethro Tull.

 

 

Ricky 4EVER

Deporte, NBA

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Polarizing, inconsistent, as flawed as a Star Wars prequel, and yet, beloved by millions me and some Timberwolves fans.  I love Ricky Rubio, and love, apparently, is unconditional. I love Ricky despite his shot selection and his broken jumper. I love him despite the fact that he is a professional basketball player who is bad at layups. I could even go as far as to say that I tolerate his classic pump fakes on open threes that then lead to him settling for a contested jumper right before the clock runs out. That is love, a love deeper than Doc River´s voice. That´s why it´s so difficult for me to see him fail in this new chapter of his NBA career with the Utah Jazz.

Yes, Rubio is failing; He has had only one no look pass throughout 27 games (That is low even for Luke Ridnour[1] standards). Every time he tries to pass or lob the ball to Gobert on a pick and roll, he turns the ball over. His coach makes him stand on the corner for over 50 percent of the offensive possessions he is on the floor. Ricky is not making smart plays at the rate one should expect of him, and he is trying too many off balance, off the dribble, off the glass jumpers that usually turn into easy transition points for the opposing team. His assists are down, his turnovers up, and I´m starting to run out of excuses to justify his struggles. It´s too late for most NBA fans, but I will try to convince my fellow Rickystanians to remain hopeful. Ricky is still good. OK, maybe that´s an overstatement, let me start over. Ricky is still fine, he´s got long arms, good hands and great hair! He is an above average defender, a great passer and an excellent free-throw shooter (basically everything Andrew Wiggings is not). The problem, like any disappointed father watching his son from the stands would tell you, is how he is being utilized by his coach.

Like Tom Thibodeau did at the beginning of last season, Snyder has been playing Ricky off the ball and letting the other guards run the offense. After the All Star break Thibodeau gave the car keys back to his pointguard and Ricky´s stats blossomed exponentially. That adjustment didn´t change the Timberwolves losing trajectory, but seeing how the jazz have stayed afloat contending for a playoff spot while Ricky and his coach are still trying to figure things out, it´s not unconceivable that once Snyder allows Rubio to play more freely, the Jazz could make a run for the seventh seed in the west. Dream BIG people!

[1] Nothing against good old Luke, I could have used Kirk Hinrik as an example just as easily, or any other white unspectacular nba pointguard for that matter.

(Originally published: December 2017)

 

Murakami y las segundas partes

Otros

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En De qué hablo cuando hablo de escribir, Murakami sorprenderá a todos los lectores que abran el libro sin leer el título. En este breve pero demasiado largo ensayo el autor japonés cuenta sus impresiones acerca del trabajo de escritor. Describe su método creativo y aborda temas que, según dice, llevaba evitando toda su carrera; como su relación con la crítica y con los premios literarios. Murakami asegura que esas cosas no le obsesionan. Sin embargo, el número de páginas que dedica a demostrar lo poco que le preocupan, sumado al tono que utiliza para hacerlo, pueden llevar a un mal pensado como yo a identificar ciertas contradicciones en su discurso. Nunca antes se me había ocurrido hacer la reseña de un libro, pero me resulta poético estrenarme con una obra que precisamente desvirtúa la labor de los críticos.

Aun con todo, leer a Murakami siempre es un placer, y pese a que De que hablo cuando hablo de escribir no satisfizo totalmente mis estúpidamente altas expectativas, tiene pequeñas dosis de todo lo que cualquier fan suyo podría esperar: curiosas reflexiones personales sobre su vida y obra, descritas de forma bonita, simple y sutil, entrelazadas con multitud de referencias a la cultura pop.

Mi decepción tiene un claro culpable, el título. La editorial española trató de aprovechar el éxito de De qué hablo cuando hablo de correr, alterando el título de este nuevo ensayo que del inglés se traduciría simplemente como “de profesión novelista”. Al vincular ambas obras la comparación es tan injusta como inevitable, y de ahí deriva mi frustración; Porque como recopilación de ideas relacionadas con la profesión de escritor, este texto puede resultar entretenido e informativo, pero como continuación a De qué hablo cuando hablo de correr, a mí por lo menos me deja mal sabor de boca; como si un viejo usurero me metiese la lengua durante un, ya de por sí injustificado, beso en la mejilla.

Mientras leía los cada vez más repetitivos devaneos del autor, aumentaban mis sospechas de que solo había transcrito aquellas reflexiones con la intención de sacarles dinero a sus siempre leales fans; lo cual obviamente envenenó mi percepción y afectó negativamente a mi disfrute. Ahora que intuyo que el título fue solo una estrategia de la editorial con la que Murakami no tuvo nada que ver, mi impresión global de este texto nada pretencioso ha mejorado bastante.

Lo que más me interesó del anterior ensayo en el que Murakami relataba su pasión por los maratones, fueron las injerencias a través de las cuales el escritor desvelaba detalles de su rutina como novelista profesional. Por eso pensé que un libro que se centrase exclusivamente en esa parte concreta de su vida me gustaría todavía más. Pero no. Ahora me he dado cuenta de que la razón por la que disfruté tanto de aquellas revelaciones fue porque aparecían esporádicamente en un contexto que no tenía nada que ver (como cuando estando fuera de Madrid me sirven una Mahou sin pedirla expresamente). También influyó el hecho de que por primera vez leía las confesiones reales de un artista al que llevaba tiempo admirando. Mientras leo las distintas obras de ficción de un mismo autor compongo en mi cabeza una imagen de él que luego me apetece contrastar con la realidad. Por eso me encantó descubrir en su momento al disciplinado Murakami corredor y por eso me habría entristecido tanto comprobar que ese anciano en tan buena forma física es de los que venden su integridad por un puñado de dólares.

Así que, si De qué hablo cuando hablo de correr no me hubiese gustado tanto, De que hablo cuando hablo de escribir no habría sido proporcionalmente decepcionante para mí. Como ya he explicado antes, el principal culpable de esa decepción es el título, pero paradójicamente, de haberse titulado por ejemplo, De profesión novelista, es más que probable que jamás lo hubiese llegado a leer…  De esto hablo yo cuando hablo de lo difícil que es contentar a todo el mundo.

*En una cosa estaremos todos de acuerdo: la trilogía, ya puestos, debe completarse con “De qué hablo cuando hablo de Jazz”, que en realidad tratará sobre la relación del autor con el Whisky.

Roger Murtaugh es el Bill Cosby original.

Cine

Arma Letal, la película de acción que catapultó a Mel Gibson al estrellato a finales de los 80, esconde de forma muy poco sutil una espeluznante trama secundaria que hasta ahora jamás había sido explorada. Me refiero, cómo no, a la más que evidente relación incestuosa entre el policía Roger Murtaugh y su hija mayor. A continuación, se detallarán cada una de las escenas que argumentan la veracidad de tan grave acusación:

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Después de mostrarnos a una joven consumidora de droga tirándose medio desnuda por el balcón y cayendo sobre el capó de un coche estacionado, la película se pone realmente explícita. La siguiente escena nos mete de lleno en la compleja situación familiar de los Murtaugh. El patriarca es sorprendido en la bañera por el resto de residentes de la casa, que irrumpen en el baño al grito de “¡Sorpresa!” El policía tiene suerte porque los parientes abren la puerta cuando él ya ha terminado de masturbarse. En la siguiente imagen podemos observar como Murtaugh se limpia con un poco de agua el rastro que su religioso orgasmo matutino le había dejado en el pecho.

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Llegados a este momento de la exposición creo que debería aclarar que el hombre adulto no está aseándose protegido por ningún tipo de bañador (o al menos no se nos da a entender que así sea). No, el hombre se encuentra bañándose completamente desnudo. Inmediatamente después descubrimos que la poca distancia que separan a su miembro sumergido de la cara de sus hijos no parece preocuparlo lo más mínimo… (Una mente malpensante diría que la situación parece no tener nada de original para ellos). Tampoco tiene pinta de que haya pompas de jabón ocultando las partes sensibles. Al concluir la felicitación de cumpleaños, el viejo pervertido hace escorzos imposibles para tratar de besar en la boca a cada uno de los integrantes de la familia… A todos menos al hijo, ¿casualidad? Lo dudo.

Como se ve claramente en la siguiente imagen, la pequeña de las hijas, aún rebelde, trata de esquivar desesperadamente los tétricos labios de su progenitor. Su cara lo dice todo:

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Resulta inquietante también ver como la madre sonríe y mira hacia otro lado fingiendo no ser consciente de lo que sucede en su propia casa.

En cambio, la hermana mayor, como podemos apreciar a través del espejo, acude obediente a los labios de su papá segundos después de que éste pronuncie una orden que no da lugar a malentendidos: “gimme some sugar girl” (que podría traducirse como “dame algo de azúcar, nena”). Simplemente escalofriante. No es descabellado aventurar que la pobre niña debe de sufrir un trastorno sexual desarrollado tras años de abusos.

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Si a estas alturas de la película (minuto 5:15) todavía existen escépticos entre los lectores acerca de la veracidad de esta mal llamada teoría, lo que sucede a continuación despejará todo tipo de dudas al respecto. La mujer, la hija pequeña y el hijo salen escopeteados del cuarto de baño, supongamos que asqueados por el cuerpo desnudo del cumpleañero cincuentón. Sin embargo, la hija mayor decide prolongar su visita y se acerca, sin el menor pudor, al borde de la bañera. Dejaré que sea el lector quien juzgue por sí mismo las miradas, gestos y palabras que se intercambian la pareja en la siguiente imagen:

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Tras unos segundos de vomitivo flirteo incestuoso, se muestra ya sin el menor de los tapujos, a la hija plantándole un soberano beso a su padre. Dos en menos de un minuto, por si alguien quiere llevar la cuenta.

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La escena concluye cuando la “nínfula”, como diría Nobokov, sale del baño y deja al padre con esta cara de reflexiva satisfacción:

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Mientras suena un extrañísimo solo de saxofón que no pega lo más mínimo con lo que se nos muestra en pantalla, el viejo policía se queda 10 largos segundos en silencio contemplándose al espejo (Es posible que este momento de reflexión sea consecuencia de una acumulación de remordimientos en su alma, pero esto son solo conjeturas sin fundamento, no hay suficientes pruebas que demuestren que el personaje de Roger Murtaugh sea capaz de sentir arrepentimiento). La hija le ha dicho que la barba le hace más viejo, y como no podría ser de otra forma, la sugerencia de la hija será atendida. La siguiente vez que aparece, Murtaugh lleva un bigotillo perfilado con el único objetivo de contentar a la niña de sus ojos. Dicha aparición se produce justo después de que se nos presente al personaje de Mel Gibson, al cual de momento obviaremos. En la escena de la cocina se hace por primera vez referencia a una constante a lo largo del film, el maltrato psicológico al que es sometida la desdichada esposa de Murtaugh. La mujer, que se encarga generosamente de preparar el desayuno a cuatro personas (más las dos amigas gorronas de la hija mayor) mientras el marido se baña y se da el lote con otra, tiene que aguantar comentarios sarcásticos del impertinente cónyuge. La pobre señora, hasta arriba de preocupaciones, tiene la mala suerte de dejar caer unos huevos al suelo. Al avisar a su marido para que no los pise, éste la responde de la siguiente manera: “¿En qué estoy pensando? ¡Debería ir pendiente por si hay huevos en el suelo!”.

El comentario es completamente ignorado por la esposa, que demuestra ser toda una especialista en el arte de la ignorancia selectiva, pero la audiencia puede y debe tener en cuenta que el señor Murtaugh utiliza la menor oportunidad para humillar a su mujer de forma sistemática. A esto hay que sumarle el hecho de que durante el resto de la película se harán infinidad de comentarios despectivos acerca de las capacidades culinarias de la señora. Algo que contrasta enormemente con la actitud del padre hacia sus queridas hijas. Sin ir más lejos, la escena de la cocina continua con Murtaugh utilizando sus tentáculos para atraer contra sus labios a la más pequeña de sus hijas. La frase que pronuncia al mismo tiempo que ejecuta la maniobra de aproximación, no puede ser más incriminatoria: “Venga, nunca tengo suficiente de mi bebé” (sería la traducción más aproximada)

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La otra hija, de naturaleza envidiosa, no soporta ver a su amante con otra niña (puede que solo quisiese salvar a su hermana de las garras de la bestia, pero no lo creo), y en un arrebato de celos descarados, trata de llamar la atención de su padre:

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La ridícula artimaña funciona a la perfección y mientras la pequeña escapa de nuevo por los pelos, el padre devuelve su atención a la primogénita. Hay que decir que cuando la cámara enfoca a la niña mayor suena por segunda vez ese confuso solo de saxo cuya presencia en la película chirría bastante.

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Tercer beso, esta vez en la mejilla, algo que como es lógico incomoda claramente a la amiga de la niña, que, como la madre, elige no mirar. Al mismo tiempo que se alejan las dos jóvenes y sigue sonando el saxo, el señor Murtaugh parece totalmente presa de un amor irrefrenable hacía su hija. Embobado todavía tras el último beso, se gira para observar viciosamente el vestido de la niña. Aquí la imagen:

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(La boca abierta es clara prueba del estado de enajenación al que me refiero)

La banda sonora solo refuerza la aterradora sensación, cada vez más obvia, de que la relación entre padre e hija es excesivamente afectiva. Después de bufar de una forma muy poco paternal, el viejo canalla suspira una última vez y masculla “jodida rompecorazones” acompañado de un arqueamiento de cejas que deja claro lo que se le está pasando por la cabeza.

Avanzamos al minuto 43 de película. Murtaugh lleva a Mel Gibson a cenar a casa. La hija mayor oye voces y sale de su habitación para espiar a los recién llegados desde lo alto de escalera. Parece intrigada. Ya en la mesa, la adolescente mira con ojos de cordero degollado al nuevo compañero de su padre sin ningún tipo de disimulo (cualquiera podría pensar que no solo no le importa que su padre note esas miradas, sino que es eso precisamente lo que pretende, para así ponerlo celoso).

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Todos los presentes se dan cuenta de lo que sucede, Mel Gibson se muestra incómodo y Roger reacciona visiblemente irritado:

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Continúan los flirteos unidireccionales por parte de la joven hacia el atractivo huésped, lo cual empieza a desquiciar al pederasta, que no parece tener intención de compartir a su víctima preferida.

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Ya concluida la cena, los dos compañeros disfrutan de unas cervezas en el jardín. En ese momento la infatigable jovenzuela vuelve a interrumpirles pidiéndole permiso a su padre para salir con un chico al día siguiente. De nuevo la estrategia de los celos.

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Papá la responde que está castigada. Se niega a dejarla relacionarse con chicos de su edad. Cuando Mel Gibson por fin se va, el viejo indecente se sienta a abrir sus regalos de cumpleaños. Alguien le ha enviado por correo un anuario de instituto y una cinta vhs con pornografía infantil, un regalo muy adecuado para un pedófilo, demasiado como para ser casualidad. La otra posibilidad es que sea un chantaje y que la joven que protagoniza el vídeo sea una antigua víctima de Roger Murtaugh.

Avanzamos más, llevamos una hora y 27 minutos de película. Una organización de voluntarios ha rescatado a la hija mayor de las zarpas de Murtaugh, que todavía se resiste a dejarla escapar. Roger Murtaugh y Mel Gibson (este último es todavía ajeno a lo que sucede. La mezcla de alcohol y antidepresivos nublan su juicio) son arrestados y sometidos a un innovador tratamiento psiquiátrico que pretende contrarrestar los impulsos pedófilos. Los voluntarios mantienen a la hija en aislamiento hasta que deciden dejarla saludar a su padre para calmarla. La reacción de la chica al ver a su padre es de nuevo esclarecedora:

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La pobre víctima sufre una especie de síndrome de Estocolmo derivado del abuso sexual y lo deja patente lanzándose desesperada a besar a su abusador. Las imágenes son repugnantes.

La película termina con Mel Gibson matando a todos los psiquiatras y voluntarios dando así vía libre a su compañero para prolongar sus depravaciones en el oscuro interior de lo que a simple vista parece la típica casita americana de una familia feliz.

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Comanchería, un Western para estos tiempos

Cine
hell-or-high-water

Bear: I am a Comanche. Do you know what it means? It means ‘Enemy to everyone’.  Tanner Howard: Do you know what that makes me?… A Comanche.

 

En esta película del Oeste los vaqueros se desplazan en viejos coches en lugar de en viejos caballos; pero si eres de los que creen que en todo Western que se precie tiene que haber al menos cinco minutos de planos en los que los protagonistas contemplan silenciosos el infinito horizonte, Hell or High Water no te decepcionará. Protagonizada por Chris Pine, Ben Foster y Jeff Bridges, Comanchería, como se ha titulado en español, es la película de los Coen que venimos esperando desde 2008, solo que los creadores del Gran Lebowski no tuvieron nada que ver con este proyecto (estaban demasiado ocupados ensayando una coreografía interminable para el lucimiento personal de Channing Tatum).

Hell or High Water tendría todas las improntas de una película de los hermanos Coen si no fuese por la banda sonora (que no es nada especial). Lo que sí tiene son momentos cómicos de mucha calidad, repartidos de forma orgánica durante los 102 minutos que dura el film. Claramente influenciada por Blood Simple, comparte la crudeza y la estética típicas del cine de Joel y Ethan. Pero si hubiese que destacar una similitud por encima del resto, serían los diálogos. Ambientada en la Texas profunda, esa en la que al recién nacido se le bautiza con un escupitajo de tabaco de mascar en la frente, los personajes se expresan de forma simple y reflexiva a la vez. Ese dialecto tan particular ya asociado a los habitantes del Estado de la estrella solitaria, conciso e ingenioso, que funciona tan bien en el séptimo arte, ha sido aprovechado por otros grandes directores como Tarantino o Wim Wenders, para hacer comedias tan ácidas que solo los psicópatas las calificaríamos como tales.

Sobre las actuaciones decir que Jeff Bridges hace lo que se espera de Jeff Bridges, Chris Pine sorprende al interpretar a un personaje que no resulta insoportable, y Ben Foster se gana a pulso la nominación a mejor actor secundario. Si por el contrario, un nativo de Texas me argumentase que los acentos de los tres protagonistas (uno nacido en Boston y los otros dos en Los Angeles) le parecen forzados y demasiado exagerados, no tendría más remedio que creerle.

El director, David Mackenzie, vuelve a demostrar su talento después de impresionar al  mundo en 2013 con la intensísima Starred Up. En Hell or High Water utiliza del mismo modo los cambios de ritmo, entrelazando secuencias vertiginosas con escenas mucho más pausadas. Pero el mérito debería ser dividido a partes iguales entre él y el guionista, Taylor Sheridan. Hasta hace poco Sheridan solo era un actor secundario más, otro Joey Tribbiani luchando por sobrevivir en la difícil industria Hollywoodiense. Pero en 2015 el estreno de Sicario cambió su vida. La cinta sobre el narcotráfico en la frontera Mexicana fue una de las favoritas ese año para la crítica especializada, lo que le valió a Sheridan para destaparse como uno de los escritores más prometedores de Estados Unidos. Hell or High Water no solo confirma que su primer guión no fue producto de la casualidad, sino que lo supera en prácticamente todos los sentidos. En cuanto a personajes, diálogos o incluso trama, su segunda película es mucho más completa; lo único que le falta es Benicio del Toro, pero si le hubiesen puesto a hacer el papel del indio policía habrían tenido que cambiar los no pocos chistes sobre indígenas que hace Bridges… Y no sé si habría merecido la pena.

 

 

Nacho, el que siempre cumple

Deporte, Fútbol, Real Madrid

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Nacho, el polivalente defensa madridista al que la ley de toda taberna no permite nombrar sin aclarar que siempre cumple, ese a quien su propia abuela se referiría utilizando calificativos positivos pero no demasiado efusivos, representa el triunfo del canterano discreto.

Por desgracia, hoy en día el triunfo para un canterano del Madrid significa tener ficha en el primer equipo, ya que el once titular está reservado para los fichajes de renombre. El caso de Carvajal es una bonita excepción que no sabemos cuanto va a durar. Ya informó el Diario AS hace solo un año, que el Real Madrid planea intercambiar al lateral español por el supertalento Zhang Linpeng (Dicen de él que podría llegar a ser el Carvajal Chino).

Sin cosechar portadas en la prensa deportiva ni en la del corazón, (para los que quieran saber cómo diferenciar una de la otra: la primera se encuentra en los bares y la segunda en las peluquerías) Nacho se ha ganado un lugar en la plantilla del Real Madrid a base de constancia, entrega, carácter y unas no desdeñables habilidades naturales para jugar al fútbol. Sin ser un prodigio técnicamente, Nacho ha encontrado sitio en un equipo plagado de estrellas. Y es que lo que le falta físicamente (pocos centrales de élite miden menos de metro 80), lo compensa con inteligencia y sacrificio.

A Nacho se le conoce como la espuma de poliuretano del vestuario, porque siempre se puede contar con él para rellenar huecos. El mote lo ideó Pipi Estrada una noche (Pipi, como todo el mundo sabe, no ve la luz del día más que para broncearse mientras duerme) cuando conversaba con Cristiano y Sergio Ramos en una conocida discoteca de la capital (conocida solo por los pocos que la conocen). Cristiano le contó al periodista/sex simbol provincial/confidente de futbolistas que Nacho es tan diligente y solidario con sus compañeros que un día se ofreció a hacerle la obra de uno de sus baños. Cristiano, por cierto, no quedó encantado con el resultado pero sí moderadamente satisfecho.

Pero el mayor logro en la aún joven carrera de este chaval madrileño, es sin duda el haber conseguido apropiarse de uno de los nombres más comunes de España. Ni Nacho Vegas, ni Nacho Peña, ni Nacho Cano, ni Nacho Vidal, ni siquiera Nacho Carnés (experto en Marketing Online, Estrategia Digital, Analítica y Medición) han conseguido librarse de su apellido. El Nacho que nos ocupa, el futbolista, se apellida Fernández Iglesias, pero el suyo pasará a la historia con los González Blanco, Sánchez del Amo (Víctor), Sánchez Rodríguez (Joaquín), Rodríguez Ledesma (Pedro)… Apellidos eclipsados bajo un nombre de pila del que se han adueñado para siempre estos deportistas. Raúl era “el que nunca hace nada”, Nacho es el que “siempre cumple” y Coentrao será “el que a veces fuma”. Los 30 millones que pagamos por Fabio y los 30 de Danilo (que aquí mismo defendí en su momento), nos impiden a los madridistas reírnos con total impunidad de los fichajes de Douglas y Vermaleen.

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Nacho, que como venimos diciendo, celebra el aniversario de su nacimiento 365 días al año, se encuentra en una posición complicada; pese a que cada año juega más partidos, su paciencia como suplente conforme tiene un límite. Sus condiciones, salvo milagro evolutivo, no le van a permitir nunca ser titular indiscutible en el equipo de sus sueños, lo que representa una encrucijada a la que ya se enfrentaron muchos otros antes que él. Callejón y Bartra son dos de los ejemplos más recientes de canteranos que deciden emigrar en busca de minutos. Para que Nacho no siga los lentísimos pasos de Bartra, la dirección técnica del Madrid y el propio Zidane, deberían plantearse utilizar a Nacho como primer suplente de cualquiera de los laterales, algo que hasta ahora solo estamos viendo por las continuas lesiones de Coentrao. El defensa madrileño demuestra que es mejor que Danilo cada vez que se le permite jugar de lateral, incluso cuando lo hace a banda cambiada. Esta es solo la segunda temporada del brasileño en el Bernabeu y parece precipitado tirar tan pronto la toalla con él, pero lo cierto es que en unas semifinales de Champions en las que Zidane no pudiese contar con Carvajal o Marcelo, cualquier aficionado del Madrid se sentiría más tranquilo viendo a Nacho en la alineación. Porque Nacho al fin y al cabo, es fiable (otra forma de decir lo que siempre decimos de él). El chico gusta, eso es así. Gusta a prensa, afición, entrenadores y haters. Diría que le gusta hasta a Del Bosque, pero no quiero exagerar.

Decir que Nacho siempre cumple implica que satisface nuestras expectativas en todo momento. Y de ser así quizás deberíamos empezar a aumentar dichas expectativas. ¿Significa eso que le exigimos demasiado poco a Nacho? Puede, pero no tiene por qué ser algo necesariamente malo. Mientras que a Jesé se le pidió tirar la puerta abajo, a Nacho le ha valido con colarse cada vez que alguien la dejaba abierta. Esa falta de presión ha derivado en una progresión lógica y estable que ahora le permite codearse con los mejores jugadores del mundo en su rol de suplente multiusos. A Nacho se le exige proporcionalmente a lo que demuestra, por eso funciona. El error es hacerlo en base al potencial. En cualquier caso, es lícito plantearse el continuar aumentando sus responsabilidades gradualmente. Igual que es lícito que nadie tenga en cuenta mi opinión.

Las cualidades de Nacho como futbolista y como persona son por todos conocidas: Es un jugador sobrio, responsable, generoso, humilde, trabajador, eficiente, buen yerno, no se complica, se coloca bien, utiliza las dos piernas… Sus defectos tampoco son ningún secreto, no va tan bien de cabeza, no tiene la capacidad de anticipación de los otros centrales del primer equipo, es el más lento de los cuatro, no hubo que desembolsar ni un euro para ficharlo… Pese a todo, hablar de carencias en el juego de Nacho obliga a ponerse quisquilloso. Nacho es el peor de los cuatro centrales que tiene el Madrid, pero a la vez es el mejor cuarto central del mundo. Nacho no es sobresaliente en nada, pero llega al notable en casi todo (Algo al alcance de muy pocos). Tener a un Nacho en la plantilla es un lujo que merece ser justamente apreciado. Su eterna disponibilidad es algo de lo que nos acordaremos cuando falte, junto con los caños de Marcelo, los cabezazos salvadores de Ramos, o los centros de Kroos, pero en un lugar más oscuro de nuestra memoria, el que ocupan los jornaleros que hacen posible que sobrevivan los artistas.

  • ¿Sabías que Nacho no se ha perdido un partido por lesión desde que tenía 12 años?
  • ¿Sabías que cuando Cristiano se enteró de esto, trató inmediatamente de lesionar a su compañero para intentar superar el récord?
  • ¿Sabías que M. Night Shyamalan, el director del Sexto Sentido, se inspiró en Nacho para su película “El protegido”?

 

Top 10 canciones para dejar un trabajo

Música

Lista de reproducción de Youtube

 

10. Don’t Look Back Into The Sun. The Libertines

Libertines

“And they’ll never forgive you but they wont let you go”

 

9. Get Me Away From Here, I’m Dying. Belle and Sebastian

“You could either be successful or be us
With our winning smiles, and us
With our catchy tunes”

 

8. Shove this Jay Oh Bee. Canibus with Biz Markie

Biz Markie

“Take this job and shove it
I ain’t workin here no more”

 

7. Career Opportunities. The Clash

Clash2

“Career opportunities are the ones that never knock
Every job they offer you is to keep you out the dock”

 

6. Maggie’s Farm. Bob Dylan

“It’s a shame the way she makes me scrub the floor
I ain’t gonna work on Maggie’s farm no more”

 

5. We’re Not Gonna Take It. Twisted Sister

TwistedSister

“We’ve got the right to choose and there ain’t no way we’ll lose it
This is our life, this is our song”

 

4. Money. Pink Floyd

Pink Floyd

“Money, so they say
Is the root of all evil today
But if you ask for a rise it’s no surprise that they’re giving none away”

 

3. Born to run. Bruce Springsteen

Bruce

“It’s a death trap, it’s a suicide rap
We gotta get out while we’re young
`Cause tramps like us, baby we were born to run”

 

2. Changes. David Bowie

david Bowie

“I still don’t know what I was waiting for
And my time was running wild”

 

1. We’ve Gotta Get Out Of This Place. The Animals

The animals

“Watch my daddy in bed and tired
Watch his hair been turning gray
He’s been working and slaving his life away”